Marte no es solo un planeta. Durante más de un siglo ha sido el escenario favorito de la imaginación humana sobre el otro — sobre lo que podría existir más allá de la Tierra.
Todo empezó con una ilusión óptica.
1877
El astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli observa lo que describe como canali en la superficie de Marte — estructuras lineales que en inglés se tradujeron erróneamente como "canales" artificiales. La idea de una civilización marciana comenzó a extenderse.
1898
H.G. Wells publica La Guerra de los Mundos. Los marcianos invaden la Tierra con tecnología superior. La humanidad, arrogante y desprevenida, es incapaz de defenderse. Los salva, irónicamente, algo invisible: los microbios terrestres contra los que los marcianos no tienen inmunidad.
1938
Orson Welles adapta la novela para la radio como si fuera una retransmisión de noticias en directo. En algunas ciudades de Estados Unidos, oyentes que sintonizaron a mitad del programa creyeron que la invasión era real. Es uno de los experimentos involuntarios más estudiados sobre el poder de los medios de comunicación.
Lo que la novela pregunta, disfrazado de ciencia ficción:
¿Qué ocurriría si no fuéramos la especie más avanzada del universo? ¿Cómo trataríamos a una civilización inferior si pudiéramos conquistarla? Wells escribió la novela en plena era colonial británica — y los marcianos hacen exactamente lo que el Imperio Británico hacía con otros pueblos.
La arrogancia humana, no los rayos de calor marcianos, es el verdadero tema del libro.
Desde El Hornillo, cuando miras ese punto rojizo en el cielo nocturno, estás viendo el mismo objeto que generó siglos de fantasías, miedos y preguntas sobre si estamos solos en el universo.
Hoy sabemos que no hay canales artificiales en Marte. Pero la pregunta sigue abierta.