Ningún otro planeta ha inspirado tanto a poetas, pintores y músicos. La razón es simple: Venus es el objeto más brillante del cielo nocturno tras la Luna. Durante milenios, antes de saber qué era, los humanos lo vieron aparecer al amanecer y al anochecer — siempre puntual, siempre luminoso — y lo convirtieron en símbolo del amor, la belleza y el deseo.
Desde El Hornillo, en noches despejadas, Venus puede verse incluso antes de que oscurezca del todo. Es ese punto de luz que no parpadea.
Los poetas lo han sabido siempre.
Rubén Darío
¿Qué barco viene allá?
¿Es un farol o una estrella?
¿Qué barco viene allá?
Es una linterna tan bella
¡y no se sabe adónde va!
¡Es Venus, es Venus la bella!
¿Es un alma o es una estrella?
¿Qué barco viene allá?
Es una linterna tan bella…
¡y no se sabe adónde va!
¡Es Venus, es Venus, es Ella!
Es un fanal y es una estrella
que nos indica el más allá,
y que el Amor sublime sella,
y es tan misteriosa y tan bella,
que ni en la noche deja la huella
¡y no se sabe adónde va!
Rafael Alberti
Apareciste al filo de la tarde
¿Venus del cielo o Venus de la tierra?
Te toqué las mejillas…
¿Eran de rosas de un jardín del cielo
o de un jardín de estrellas de la tierra?
Venus junto a la Luna creciente, vista desde la Tierra · NASA / Bill Dunford