Su color lo delató desde siempre: rojo como la sangre. Los romanos lo asociaron con su dios de la guerra — y ese nombre lleva más de dos mil años. El efecto es real: los minerales de hierro de su suelo se han oxidado, cubriendo el planeta de óxido.
El cuarto planeta desde el Sol, a 329 metros de aquí. Tiene la mitad del tamaño de la Tierra y un día casi igual al nuestro, pero un año de 687 días terrestres.
Sus Valles Marineris son tan largos como la distancia de El Hornillo a Moscú. Su volcán Olympus, tres veces más alto que el Everest.
Si estuvieras de pie en su ecuador al mediodía: primavera en los pies, invierno en la cabeza.